En una noche de tormenta: cuento de Yuichi Kimura

José Andrés Martínez García

Noche de tormenta

El cuento es una parábola de cómo ver al “otro”, de cómo relacionarnos con los demás, aunque sean tan “diferentes”… sobre la amistad y la diversidad, acaso también sobre la posibilidad de amistades en principio “imposibles”.

El escritor japonés Yuichi Kimura ha escogido dos animales que simbolizan diferencias irreconciliables. Las cabras son presas del lobo. El autor ha querido elegir el supuesto más extremo que podría imposibilitar el acercamiento entre ambos.

El lobo ha sido tratado en general en la literatura como “fiero”, “astuto” y “malvado”. En este cuento, en cambio, no hay un personaje malo y uno bueno. El pobre lobo cojo también busca un lugar donde descansar hasta que amaine la tormenta. Ninguno de los dos sabe que el otro es su enemigo natural porque la oscuridad se lo impide. Así, a lo largo de la noche desfilan los miedos, necesidades, deseos y esperanzas de ambos. Comprueban que sus vidas han sido muy similares. Tan diferentes y tan parecidos.

Ambos se acercan a causa de la tormenta. Las dificultades en ocasiones unen. El miedo, un miedo compartido, les une y despierta en ellos empatía (“- Creía que iba a ser una noche terrible de tormenta pero ha resultado ser una noche fantástica pues he conocido a un amigo”).

El cuento suscita diversos interrogantes. Por ejemplo: ¿de qué manera sería vista en la manada de lobos y el rebaño de cabras la relación entre ambos animales? Probablemente sería censurada y este sería un obstáculo añadido a la amistad entre ambos.

El autor termina el texto con algunas de estas preguntas: “si en una noche de tormenta estuvierais solos en un lugar desconocido y os encontraseis a alguien, ¿no os sentiríais aliviados? Pero, y si este alguien fuera peligroso y temible ¿qué haríais?”.

Cuento (fragmento).

Llovía a cántaros. La tormenta nocturna azotaba con violencia. Las gotas de lluvia golpeaban con fuerza el cuerpecito indefenso de una cabrita blanca.

La cabra, sin pensarlo, logró refugiarse en una pequeña cabaña abandonada en la pendiente de la colina.

En medio de la oscuridad la cabra se relajó, esperando tranquilamente a que la tormenta terminase.

¡Crac!

Alguien había entrado en la cabaña.

Se oía su agitada respiración.

“¿Quién será?”, la cabra permaneció inmóvil y aguzó el oído.

Tic, toc, tic, toc.

En cada paso, algo duro golpeaba el suelo y se iba acercando.

Era el ruido de una pezuña…parecía ser una cabra.

La cabra se sintió aliviada y decidió entablar conversación.

– Menuda tormenta, ¿no?

– ¿Cómo?, ¿quién ha hablado? Está tan oscuro que no me había dado cuenta- dijo, con voz ronca y entrecortada.

– Yo también acabo de llegar. Pero hay que ver qué tiempo más horrible- dijo la cabrita un poco sorprendida.

– Y que lo diga. Por culpa de esta tormenta me he torcido la pata. Menos mal que he encontrado este refugio.

Uf… -dijo soltando un gran suspiro y dejando en el suelo la rama que había utilizado como bastón.

Pero entonces…

Sí, así es. Esa sombra oscura que había entrado golpeando el suelo con un bastón no era una cabra sino un lobo. Y no era un lobo cualquiera, sino uno con unos colmillos muy afilados cuya comida preferida era la carne de cabra.

– Ahora que está aquí me siento más tranquila.

Por lo visto la cabra aún no se había dado cuenta de que su compañero era un lobo.

– Le entiendo, yo también me sentiría inseguro si tuviera que pasar la noche solo en esta cabaña y en medio de esta tormenta.

El lobo tampoco se había percatado aún de que ella era una cabra.

– ¡Ay! Uy …

– ¿Qué le ha pasado?

– Nada, resulta que cuando venía hacia aquí me he torcido un poco la pata…

– Eso es terrible. Ande, estire la pata hacia aquí.

– Bueno, si de verdad no le importa, se lo agradezco.

El lobo estiró la pata rozando la cadera de la cabra.

“Vaya, para ser una pezuña es muy blandita”, pensó.

– Ah, ah, ¡atchís! – de repente el lobo estornudó con fuerza.

– ¿Se encuentra bien?

– Sí…me parece que me he resfriado.

– Creo que yo también. Tengo la nariz tan tapada que no percibo ningún olor.

– Jeae, ahora entiendo por qué tiene esta voz…

-Jaaam, debe ser por eso.

Al oír la carcajada del lobo, la cabra estuvo a punto de decirle: “Tiene la voz como la de un lobo”, pero prefirió no decírselo por miedo a ofenderle.

El lobo también pensó: “Tiene una risita tan aguda como la de una cabra”, y a punto estuvo de decirlo, pero se mordió la lengua creyendo que si lo decía la ofendería.

En el interior de la cabaña resonaba el ulular del viento y el repiqueteo de las gotas de lluvia.

– ¿Dónde vive?

– Vivo en el Valle Desolado.

– ¿El Valle Desolado?

– ¿No es peligroso?

– ¿De veras? Bueno, es un poco escarpado pero es un lugar muy acogedor.

Ese valle es el lugar donde habitan los lobos.

-Vaya, veo que es muy valiente. Yo vivo en el Monte Fresco.

– Caramba, qué envidia. Allí hay muy buena comida.

Con “buena comida” se refería a las cabras.

– Bueno, no está mal, jaja.

De repente el estómago de ambos sonó al unísono. Grrrr…

– Ahora que lo pienso, estoy hambriento.

– Sí, yo también tengo el estómago vacío.

– Desearía que hubiera comida cerca.

(…)

– Ay…qué hambre.

Y en ese momento los dos dijeron al mismo tiempo:

– Aquella deliciosa…”hierba”, dijo la cabra. “Carne”, dijo el lobo.

Pero el sonido de un trueno silenció sus voces.

– Aunque ahora soy más grande de lo normal, cuando era pequeño era muy flacucho, y recuerdo que mi madre me decía constantemente: “Come más, come más”.

– Vaya, a mí me pasaba igual. La mía me decía: “Si no comes suficiente, cuando tengas que correr, no vas a poder hacerlo; y si no corres rápido no sobrevivirás”.

– Sí, así es. En mi casa también decían lo mismo: “Si no corres rápido no sobrevivirás”·

– Jajaja, hay que ver cómo nos parecemos.

– Jejeje, es verdad.

– Está tan oscuro que ni siquiera nos vemos la cara, pero a lo mejor resulta que incluso tenemos un aspecto parecido.

De repente cayó un rayo en las proximidades de la cabaña que iluminó su interior como si fuera pleno día.

– Vaya, estaba mirando al suelo y no le he visto, ¿usted me ha visto la cara? ¿Nos parecemos?

– La luz me ha deslumbrado y no he podido evitar cerrar los ojos.

– Bueno, pronto se hará de día así que no tardaremos en saberlo.

De repente el estruendo de un relámpago hizo temblar la cabaña.

-¡Socorro!

Sin darse cuenta, los dos habían arrimado sus cuerpos.

– Uy, lo siento. Es que los truenos me dan pánico.

– Uf…A mí también. Menudo susto me he llevado.

– Hay que ver lo parecido que somos, ¿no le parece?

– Pues sí, de hecho pensaba que nos compenetramos muy bien.

– Ya sé, ¿por qué no quedamos para comer un día de estos cuando haga buen tiempo?

– Me parece una idea estupenda. Creía que iba a ser una noche terrible de tormenta pero ha resultado ser una noche fantástica pues he conocido a un amigo.

– Vaya, parece que la tormenta ha amainado por completo.

– Sí, es cierto.

Entre las nubes ser podían vislumbrar unas pocas estrellas.

– ¿Qué le parecería quedar mañana a medio día?

– Perfecto. Dicen que después de una tormenta suele venir el buen tiempo.

– ¿Dónde quedamos?

– Uhm…¿Qué le parece delante de esta cabaña?

– De acuerdo. Pero ¿y si resulta que no nos reconocemos?

– Por si acaso yo diré: “soy el amigo que conoció en una noche de tormenta”.

– Jajaja, con “en una noche de tormenta”.

– Entonces nuestra contraseña será “en una noche de tormenta”.

– Bueno, cuídese, en una noche de tormenta.

– Adiós, en una noche de tormenta.

La violenta tormenta que había estado azotando con fuerza hacía sólo unos instantes, desapareció como por arte de magia dejando una agradable brisa. En medio de la oscura quietud, dos sombras agitan las manos y se alejan por caminos opuestos.

¿Qué ocurrirá mañana bajo esta colina? Ni siquiera el sol de la mañana que asoma tímidamente, y que con sus rayos hace centellear las gotas de las hojas de los árboles, lo sabe aún.

Bibliografía:

  • Kimura, Yuichi. (2013). En una noche de tormenta. Barcelona: Duomo.

Cómo citar el artículo:

Martínez García, J.A. (2016). Una noche de tormenta: cuento de Yuichi Kimura. Criterios. León. Disponible en: http://wp.me/p5x5PF-8g

 

Un comentario en “En una noche de tormenta: cuento de Yuichi Kimura

  1. Un cuento precioso sobre la amistad y la tolerancia. Me recuerda “El león jardinero” de Elsa Punset que aborda el mismo tema. Ambos totalmente recomendables, y no solo para los niños.

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